lunes 13 de julio de 2009

Soy Bucay


Me pasó la sal y entendí. La miré a los ojos, sonreí liviana y le expliqué que la quería porque era capaz de pasarme la sal; porque su sal, en su casa, era así. Y me das esa sal, incluso antes de usarla, para que yo haga de mi plato algo más sabroso. Estaba claro que iba a reírse, casi asustada. Pero no me importó, le sugerí que tomara la idea como una metáfora y que supiera que yo acababa de entender que el mundo estaba dividido de muchas maneras y que entre esas partes están de un lado los que prestan su sal fresca y, del otro, aquellos que antes de brindarla, la humedecen y uno tiene que andar golpeando el salero para conseguir algún gramo. Y a veces ni siquiera así. Ni siquiera así.

miércoles 8 de julio de 2009

Mujer Que Dice La Verdad


Sabés, el problema es todo lo que queda adentro. No lo que salió, no lo que se dijo. Lo más doloroso es la palabra cruzada como hueso en la garganta, que no decora, raspa, que se vuelve de a ratos espina esponjosa que chupa el jugo y ni llorar podés. Es desesperación, desconsuelo, no entender. Desamor, oí decir. Y yo no sé. Es más un trueno angular del por qué. Del por qué así.

Cómo fue que no pudimos. Que no encontramos el stop si al final, se trataba de hablar, de decirlo todo, de las mil posibilidades. Decir antes de enojar. Yo podría haber entendido si me lo hubieras querido explicar, si hubieras dicho con tu gesto de siempre, si me dejabas reconocerte, si no te ibas, y tan frío que andabas. Pero ladraste fuerte, como perro, y yo me asusté primero, y después te quise atacar. O ¿a quién pensaste que ibas a morder así? Y ahora no estás y ya no estoy y cada uno de mis recuerdos me pisa el talón, me aplasta al piso. Y no puedo dejar de preguntarme por qué. Qué angustia.

¿Tantos deseos convertidos en tan poco? Tan poco, escribo en cuadernos, en escritorios, en la piel. Y me pregunto qué se hace con las ganas de girar en el mundo, de dormir juntos, de respirar amaneceres y cocinar cada día mejor, para vos; dónde guardo el desconsuelo, dónde arrojo el corazón, qué queda de este, mi cuerpo, que ni bautizado parece.

Cuánto falta para desear a otro, para no esperar más. Si no tenés que esperar nada de mí, me dijiste. Y yo, tan estúpida queriéndote en mi vida, cómo se me ocurrió.

Pero aguanté, aguanté el rechazo de un abrazo, tu boca de hiel, tus palabras que no salían y todo porque no te quería perder. Es que no podía soportar la idea de abandonar tu cama del color de la piel y te esperé, ya pasará, imaginé, mientras los días no decían lo mismo, ni tus abrazos ni tus sentencias ni tu querer.

Y lo demás, no es nada. Entre el todo y la nada hay un segundo. Admitir. Un beso que ya no es mío, un abrazo no correspondido, un buscarte en la cama y vos de espaldas a mí, con tu piel de siempre, tan distinta a la que amé. ¿Hasta cuándo se pueden cerrar los ojos sólo por permanecer?

Y lloro todo. Lloro sola. Lloro tu pena y sí te quise, siempre, como nunca, bien deberías bancarte esa verdad y unas cuantas más que esta mujer que quiso ser tuya –como si fuera posible, qué angustia- puede gritarte pero no callar. Como yo me banco ahora el no haber podido, el sentirme chiquita, austera y libre como el pingüino que es ave y no sabe volar, pero que, al menos, de pie escupe sus miserias y quiere entender para dejar de abrazar.

Por lo demás. Feliz aniversario y felices los recuerdos que viven en mí, como la historia de amor más hermosa que jamás supe vivir. Supongo que es así, que lo fantástico se termina y que después sólo queda caminar y caminar para conformarnos con lo que sea que vaya a llegar.

viernes 3 de julio de 2009

La chica sin tabú

Estaba escuchando esto y me emocioné. Así que lo comparto. No sé cómo se sube música, por eso va la letra. Los invito a escuchar a Fito.

Ey, qué te pasa, Buenos Aires. Es con vos
No es la tecno ni el rock
Es tu parte que vos no conocés
Cuidado, la conozco yo....
Sabés que va a ser lo mejor
Cuando estés así, sacate el diablo de tu corazón
Hace un tiempo en esta misma ciudad
Allá en los comienzos de los años 80
El mundo aún se podía mover
Estaban altas las defensas, no se comía tanta mierda
Bs. As. hoy te falta mambo, te sobra muerte y pasarela
No me pidas que me porte cool
No me metas tensión
Te hacés la chica sin tabúes
Pero sufrís baja presión
Sabés que va a ser lo mejor
Aprendé de mí, que soy un chico pobre de allá, del interior...
Juguemos nena, peleemos nena y bancátelo
Bs. As., sí, sacate el diablo de tu corazón
Porque aquí y en todas partes hay...
Pibes en el balcón, también hay pibes en un cajón
Y hay mucha rabia suelta y angustia nena
Y hay mucha, mucha desesperación
Laputamadrequelosremilparió
Por qué nos cuesta tanto el amor
Yo quiero ver tu risa y besar tu boca
Y sacarte el diablo de tu corazón. De tu corazón
Sacarte el Diablo de tu corazón. Arrancarte el diablo...
No te asustes bs.as., no te asustes amor
Las cosas tienen que estar bien
Ya no se puede estar peor
Las cosas van a estar mejor
Vas a ser feliz, sacate el diablo de tu corazón
Bs.As. Sí, cortá la mufa de tu corazón
Bs. As. Sí, vayamos juntos a patear el sol
Sacate el diablo de tu corazón. Sacate el diablo de tu corazón.

viernes 26 de junio de 2009

Los amigos que siguen igual

Parece que pasan dos cosas. Todo el tiempo. Como ese shampoo que limpia y suaviza, el dos en uno, como el ángel y el demonio, como el cielo y el infierno, que es casi lo mismo, bueno, como River, Boca, asado, vacío, sopa crema o caldito desgrasado. Hablo de la dualidad. Del quiero esto y después algo distinto. Del pienso así pero no compatibiliza con cómo siento. Del más vale que llegue temprano el momento en que pueda dominar el impulso, como para empezar a encasillar y hacer que todo esto de vivir salga un poco más fácil. Sí, más fácil. ¿Te acordás cómo? Es que todo estaba por venir y las esperanzas costaban menos estupidez. Tantas horas mirando el río, imaginando cómo seríamos ahora. Porque ya tenés 30, ¿sabés? Y pienso: cómo le pifiamos, eh. Vos allá y yo acá. Y ni mierda. Al menos nos une la nostalgia, que no es poco. Más bien diría que es casi todo.

A veces te extraño. Otras, ni me acuerdo de que existís. Por lo de siempre, imagináte. Es que te salía bien eso de contarle las letras a la palabra derrota y decir que era capicúa. Pero no es capicúa, te contradecía yo, y vos: claro que es capicúa. Es como yo quiero. Y nos reíamos. Y nos callábamos. Y amanecía, y medias lunas de La Farola a 3 con 60 la docena: lo último que nos quedaba y al otro día, domingo, robábamos yerba y unas galletitas de lo de la vieja.

Mi casa sigue oliendo a comida recién hecha. Todo el tiempo. Hoy llegué y había una torta de brownie en el horno. Sentí la dulzura desde la puerta y sonreí callada. El hogar está tibio ahora que es invierno, y como dice Maca, todos en la cocina se ríen y toman mate. Es verdad, a veces es un poco así. Pero otras, no tanto. Qué se yo, preguntale a Maca, ya le conté que me anda doliendo el estómago. Y tengo una arruga debajo de cada uno de los ojos. Ya no me cura el Fernet en botella de plástico ni la hamaca risueña del último Marlboro. De hecho, dejé de fumar y ahora que lo pienso, creo que debería revertir la decisión.

Tengo una foto tuya, esa que te saqué el día que se te cayó el diente. A mí se me cayó del culo y nadie quiere guardar la imagen. Es la dualidad, viste, esa que te contaba. Ese ir y venir de los días que no entienden si vivimos al norte o al este. Yo siempre te lo dije: vamos al este que se está mejor. Y vos, ni caso, siempre contradiciendo, te fuiste al norte y me dejaste rayando arrugas y derritiendo el cuerpo. No importa, está bien, nos une la nostalgia y, cómo no, las milanesas de tu mamá. Yo las sigo comiendo, de vez en cuando. Ella te guarda algunas en el freezer para cuando decidas volver. Y yo cada vez que entro a tu casa, abro la heladera marrón de la cocina y le digo: “Eva, no jodas, damelas a mí que el loco no se las merece”. Ella se ríe pero en el fondo se enoja, lo sé, y me dice que el nene va a volver lleno de plata, y el nene tiene treinta y ya seguro se quedó sin neuronas. A mí por suerte no se me dio por las drogas. Creo que hubieran acabado conmigo. Tal vez esa sea otra decisión que debería revertir.

El barrio no se parece en nada al que era. Porque ya no hay nadie acá y sabés algo que noté: los que quedamos tenemos otra mirada. Ayer, de hecho, me encontré con Caro. Se hizo Hare krishna. Y aunque le queda bien, le cuesta llevarlo, se le nota por cómo agarra la correa del perro. Vende comida naturista con su novio y duermen la siesta. Todos los días. Yo le dije que me parecía bien, pero a la cuadra siguiente pensé que no estaba tan buena esa vida. Qué se yo, viste. Eso que te contaba de la dualidad.

En fin. Te extraño. Se me dio por escuchar a los Héroes del Silencio estos días. Qué se yo. Espero que estés bien y que te vaya bien y que hayas encontrado eso que andabas buscando. Algo así. O, tal vez, aprovecho este espacio y te digo la verdad que tiene más que ver con que estoy segura de que no tenés idea de qué inventar para estar acá de nuevo y no sentirte un fracasado por eso, y que me extrañás a mí y a tus cumpleaños en la terraza con tu perra Panda meando todo, que estas almas significan más que ninguna playa. Pero te cuesta admitir. Lo entiendo. A mí también, si te deja mejor. Te diría que vuelvas, pero sé que mañana me puedo arrepentir, nos podemos equivocar todos y no resistir, por eso de la dualidad, que te decía, viste.

martes 23 de junio de 2009

Piki´s Dixit


"No tenés un buen auto, no tenés una buena cara, no sos alto, no tenés buen lomo ni una conversación interesante. ¿Encima me venís a buscar sin perfume?"

lunes 15 de junio de 2009

Sólo solo

Salgan a andar, escombros de plumas,
que sin osadía rozan la piel,
dulces derrotas huelen a hiel,
sin imagen, sin consuelo.

Llena tu bolso, oh dignidad,
levanta los ojos y no permitas el engaño:
socorros, jamás sorberás.

El legado te pertenece,
pues que el legado te pese,
aún más que tus documentos de miel,
más que el perfume de tu superación que,
bien sabes, tu, digna conquistadora,
tuya y sólo tuya será.
Tuya y sólo tuya andarás.

viernes 5 de junio de 2009

Esclavo Estereo

Crecemos bajo el imperio de miles de estructuras que se multiplican a medida que formamos rutina, al paso que creamos intereses. Porque esos intereses se forjan con el clavo de lo establecido, que deja olor, y da nacimiento a uniones de matrimonio, de amistad, de trabajo. Siguen las actividades y, en definitiva, seguimos paso a paso la receta de un vivir que nos va anulando identidad.

Nos alejamos porque sometemos delirios. Los aplacamos. Están prohibidos. La rebeldía es de los rebeldes que, ya vimos, están enterrados o en el fondo del mar.

Luchamos todos los días por ser esclavos. Porque es más cómodo que tomar decisiones, que pesan. En la alta y media esfera moderna que se supone individualista y que yo en cambio creo que está unificada en criterios y cumple perfecto con el mecanismo de retroalimentación, nos vamos convenciendo de que el hedonismo tiene sentido y de que el mal sólo acecha en las plazas y suburbios.

En una clara muestra de soberbia desbordada por la verborragia de quienes, de la misma manera que yo, se cortaban las uñas sucias desde lo discursivo, me creí alejada de esa basura.

Y me fui volviendo esclava. Me liberé del África pero me interné en mi país, al que creí soberano. Acá hay libertad, me dije. Salpiqué mis remeras con lavandina, protesté ante la fachada, renuncié al matrimonio y eliminé de mi vocabulario decenas, cientos de palabras. Regalé algunos libros y pensé que finalmente había logrado quedar fuera de un sistema nefasto, depravado, siniestro y mal concebido. Del que sigo creyendo que es nefasto, depravado, siniestro y mal concebido.

Pero me arraigué tanto al discurso que me convertí en snob. Eso, por empezar. Y después: presa de mí, que buscaba pertenecer. Hice el amor con quién quise y más, hasta con aquél que sólo por particular llevé hasta mi colchón, haciendo lo imposible porque acabara de una vez y yo pudiera escapar. Y todo para qué. Para sentirme más libre, como si la libertad estuviera ahí. Qué locura.

Seguí. No di problemas, no pedí nada, me quedé, sin necesitar, sin arrastrar, sin perder, jamás. Porque de eso se trata, decía, mientras pensaba en lo inevitable como aquel que se esclaviza evocando a la muerte, un destino que no podrá evitar.

Otra vez la necesidad de pertenencia. Otra vez, la bestia individualista. Igual, exactamente igual a los religiosos de la rutina, a los fanáticos de la evolución de la especie.

Porque todo lo que generamos, cómo pensamos, lo que hacemos, está enterrado vivo en nuestro discurso. Y otra vez el recomenzar. Ahora, a salir de acá. Porque acá también se vive bajo estructuras elitistas. Acá no queda nada más que sumisión. Y si algo aprendí, acá, es que está en mí el sentido pero nunca, nunca podré aceptar al abnegado.