miércoles, 26 de noviembre de 2008
A él. Momentos
jueves, 20 de noviembre de 2008
Sábana y desvelos
Escuchó que sus pasos se acercaban a la puerta. Cerró los ojos. La sábana le descubría parte de su pierna y se hamacó lentamente en un intento por cubrir su cuerpo. Los ojos le temblaron: no había signos de sueño bajo esos párpados y la luz del velador –creía ella- se lanzaba directa a la finísima ranura que distingue el gesto de quien duerme y de quien no.
Sintió la sábana levantarse al otro lado de la cama y esbozó un quejido.
- ¿Dormís?
- Mmm…
- ¿Dormís en serio?
- Mmm, ¿qué pasa, Juan?
- Que quiero hacerte el amor.
- Ay, pero no me ves que estoy durmiendo ya.
- …
- Vení, abrazame y descansemos. Dale, no empieces otra vez.
La habitación quedó completamente oscura. Laura se acostó boca arriba y con su brazo izquierdo tomó a Juan por el cuello y lo llevó sobre sí. Él dejó caer su cabeza pesada en el pecho de Laura y, a los pocos minutos, su boca liberó la contracción de las mandíbulas, sus piernas se descargaron y su cuello y muñecas perdieron por fin su rigidez.
Laura sintió latir su clítoris. Entrecruzó sus piernas y escondió los pezones endurecidos bajo las sábanas. Intentó apagar la excitación pero el sólo sonido de su respiración agitada le subió el calor del cuerpo. Ablandó las piernas, entornó los ojos y despegó los labios. Buscó saliva en sus cachetes, bajo su lengua, saboreó la acidez de la noche y cuando su boca estuvo llena de humedad, se deslizó entre las sábanas rozándose contra el colchón, bajó los calzones de Juan con sus dos manos y, sin caricias, se metió el miembro flácido en la boca.
Primero lo mojó entero y después llenó con su lengua el agujero de su virilidad, lo besó despacio, dándole pequeños mordiscos con sus labios espesos; escondida bajo la sábana, luciendo la forma de su cola parada en movimiento, consiguió la erección de Juan, que empezó a gemir.
Siguió empapándolo de saliva, agarrándolo con las dos manos, sacudiendo su cuerpo entero. Juan estaba extasiado. Sacaba la lengua como buscando una mujer en el aire, apretaba las sábanas y con sus talones apoyados en el colchón tomaba impulso para levantar la mitad de su cuerpo y bajar, levantarse y bajar, levantarse y bajar. Con destreza la primera vez, con fuerza la segunda y con brutalidad después.
Juan metió las manos debajo de las sábanas. Tomó a Laura por el pelo, la corrió de un tirón y se apretó a sí mismo con todos sus dedos, sacudiéndose como a un joystick, gritando frases ininteligibles.
Laura corrió la sábana que la cubría y vio el cuerpo desnudo de Juan excitado, masturbándose ferozmente. Sintió asco. Lo despreció con la mirada, pero él prefirió burlarse de su mujer, e imitó con su lengua el movimiento de una víbora en el aire.
- Qué mierda estás haciendo
Pero Juan no contestó.
- Juan, qué estás haciendo. Te vas a lastimar.
Él, con el cuello abarrotado, aplastado contra la almohada, gemía frases incoherentes.
- Juan, te pido por favor, me estás asustando.
- Cogeme, cogeme, nena.
- No, me da miedo, Juan.
- Cogeme, puta, subite acá y seguí cogiendome así.
- Juan…
- Dale, movete así, así, más fuerte.
- Juan…
- Dale, puta, dale…
- Juan, por Dios…
- Ah, ah, ah.
- Tengo mucho miedo, qué es lo que estás haciendo.
- Nada que no hayas querido que haga cuando te la metiste adentro de tu boca pastosa.
- No entiendo de qué me estás hablando, Juan.
- Te voy a llenar de leche la espalda, dame ese culo, nena, que te lleno toda.
- Basta, Juan, ya basta.
- Ah ah ah…
- Juan, la puta madre que te parió: despertate de una vez.
El grito de Laura por fin lo calló. Juan abrió los ojos y la miró llorar. Ella pensó en la pena que él iba a sentir cuando se enterase de lo que había pasado.
- Juan, lo que hiciste fue horrible.
Él no dijo nada y ella esperó el abrazo, que sintiera culpa. Pero Juan simplemente le dijo:
- Dormís todas las noches conmigo y todas las noches, desde hace meses, ignorás que soy un hombre -La miró con desprecio, apoyó el peso de su cuerpo sobre su hombro izquierdo, cerró los ojos y se durmió.
martes, 18 de noviembre de 2008
Breves de la semana, un tente en pie
Fuck
Silencio. Hacé silencio. Por favor, callate. Shh. Te lo pido, ahí, justito ahí, ese tono, el mudo, no digas, no digas más que de todos modos ya no entiendo de palabras. Callate vos también y vos, vos no muevas más tus labios que, para mí, es lo único que hacés. Salgan de acá, salgan de mí. No los quiero ni mirar ni oler ni sentir. Voy otra vez. Empiezo de nuevo y que sea como quiero. Que ya escuché con demasiado respeto. Que ya me cansé.
Macabro
y logras entibiar,
sabrás más de una historia,
más de una moral:
conocerás cuánto he besado
y cuán fría pude haber estado.
Run
lunes, 10 de noviembre de 2008
Gurú

miércoles, 5 de noviembre de 2008
Diván
- …
- Sí, es que no me pasa nada. No se, no sé qué te podría decir.
- …
- …
- …
- Y venir acá y encontrarme con tu verborragia es alucinante.
- …
- Alucinante, che.
- …
- …
- …
- Genial.
- …
- No pongas cara de no poner cara.
- …
- Si pienso me deprimo. Y si me deprimo me desespero. Qué desesperante que es la angustia, por favor. Igual me da cansancio hablar. No sé qué contarte. ¿Me puedo ir?
- Esa es tu decisión.
- Bravo, bien. Hablaste.
- ¿Puedo escupir el piso?
- Si después los limpiás.
- Ajá. Me gustaría no pagarte, no venir más, si total, para que me mires como a una ridícula, me quedo a mi casa.
- …
- Bien, eso no funcionó. Tengo que decir otra cosa que te haga hablar.
- …
- ¿Te gustó alguna paciente alguna vez?
- Es un asunto personal y vos estás acá para que yo te analice a vos, así que creo que esa pregunta está fuera de lugar.
- Y a mí me parece fuera de lugar que vos me mires raro y que no me contestes cuando hablo.
- ...
- ...
- ...
- Eso me parece fuera de lugar. Como me parece fuera de lugar lo que cobrás y tu prestigio, teniendo en cuenta que sigo siendo, después de dos años de terapia, la misma persona frustrada y solitaria de siempre. Fóbica, soy fóbica, por si no te diste cuenta. Fó – bi- ca, querido. Hasta de vos. Y nada, eh, cero lo tuyo. Me mirás, hablo como una ridícula de lo que sufro cuando se me acerca un hombre y vos ahí, callado, anotando. Soy fóbica, y vos ni lo sabés porque me incentivas a que siga mi instinto de alejarme de la angustia. No, la tengo que enfrentar, sino me voy a quedar sola. Sabés qué creo, porque lo creo yo y no porque me lo hayas explicado vos, que tengo que enfrentarme a ellos, que sino, me como mi propia cola y giro en falso hasta que me tumba el mareo. Nada, no te imaginás la angustia que me genera amar y salir, salir y amar, todo el tiempo. Es desesperante. Estoy en una fiesta y pienso que la mejor está en otro lado, y me voy, me salgo del living del encuentro, me voy por la puerta segura, segurísima, y cuando llego a la calle me alivio, pienso, qué bueno, toda la calle para mí. Y a las dos cuadras, sácate, extraño la gente que había en el living que dejé. ¿Me seguís?
- …
- La fobia es lo que me destruye. Creo que no puedo con la estabilidad porque la estabilidad está hecha para mediocres. Eso digo, de la boca para afuera. Pero no sabés las ganas que me dan a veces de ser Susanita, Carolita, Florcita y no alguien que corre de un lado al otro, sin conformidad, sin posibilidad de entregarse por completo porque, claro, total me voy a ir. Irme es la alternativa que encuentro para no sentirme presa de una pareja. Soy fó- bi- ca.
- …
- …
- …
- Me voy.
- ¿Te vas?
- Sí, chau.
martes, 4 de noviembre de 2008
Escucho voces
Pero ahí andamos, hablando de crecer.
Saltaremos jaulas eternamente,
si solemos evadir la presa;
Chocaremos altares,
si creemos todavía en él.
Para siempre.
Porque no somos más que espejo,
presos,
otra vez,
falsificadores,
traficantes,
de nuestra propia -obvia- identidad.