Parece que pasan dos cosas. Todo el tiempo. Como ese shampoo que limpia y suaviza, el dos en uno, como el ángel y el demonio, como el cielo y el infierno, que es casi lo mismo, bueno, como River, Boca, asado, vacío, sopa crema o caldito desgrasado. Hablo de la dualidad. Del quiero esto y después algo distinto. Del pienso así pero no compatibiliza con cómo siento. Del más vale que llegue temprano el momento en que pueda dominar el impulso, como para empezar a encasillar y hacer que todo esto de vivir salga un poco más fácil. Sí, más fácil. ¿Te acordás cómo? Es que todo estaba por venir y las esperanzas costaban menos estupidez. Tantas horas mirando el río, imaginando cómo seríamos ahora. Porque ya tenés 30, ¿sabés? Y pienso: cómo le pifiamos, eh. Vos allá y yo acá. Y ni mierda. Al menos nos une la nostalgia, que no es poco. Más bien diría que es casi todo.
A veces te extraño. Otras, ni me acuerdo de que existís. Por lo de siempre, imagináte. Es que te salía bien eso de contarle las letras a la palabra derrota y decir que era capicúa. Pero no es capicúa, te contradecía yo, y vos: claro que es capicúa. Es como yo quiero. Y nos reíamos. Y nos callábamos. Y amanecía, y medias lunas de La Farola a 3 con 60 la docena: lo último que nos quedaba y al otro día, domingo, robábamos yerba y unas galletitas de lo de la vieja.
Mi casa sigue oliendo a comida recién hecha. Todo el tiempo. Hoy llegué y había una torta de brownie en el horno. Sentí la dulzura desde la puerta y sonreí callada. El hogar está tibio ahora que es invierno, y como dice Maca, todos en la cocina se ríen y toman mate. Es verdad, a veces es un poco así. Pero otras, no tanto. Qué se yo, preguntale a Maca, ya le conté que me anda doliendo el estómago. Y tengo una arruga debajo de cada uno de los ojos. Ya no me cura el Fernet en botella de plástico ni la hamaca risueña del último Marlboro. De hecho, dejé de fumar y ahora que lo pienso, creo que debería revertir la decisión.
Tengo una foto tuya, esa que te saqué el día que se te cayó el diente. A mí se me cayó del culo y nadie quiere guardar la imagen. Es la dualidad, viste, esa que te contaba. Ese ir y venir de los días que no entienden si vivimos al norte o al este. Yo siempre te lo dije: vamos al este que se está mejor. Y vos, ni caso, siempre contradiciendo, te fuiste al norte y me dejaste rayando arrugas y derritiendo el cuerpo. No importa, está bien, nos une la nostalgia y, cómo no, las milanesas de tu mamá. Yo las sigo comiendo, de vez en cuando. Ella te guarda algunas en el freezer para cuando decidas volver. Y yo cada vez que entro a tu casa, abro la heladera marrón de la cocina y le digo: “Eva, no jodas, damelas a mí que el loco no se las merece”. Ella se ríe pero en el fondo se enoja, lo sé, y me dice que el nene va a volver lleno de plata, y el nene tiene treinta y ya seguro se quedó sin neuronas. A mí por suerte no se me dio por las drogas. Creo que hubieran acabado conmigo. Tal vez esa sea otra decisión que debería revertir.
El barrio no se parece en nada al que era. Porque ya no hay nadie acá y sabés algo que noté: los que quedamos tenemos otra mirada. Ayer, de hecho, me encontré con Caro. Se hizo Hare krishna. Y aunque le queda bien, le cuesta llevarlo, se le nota por cómo agarra la correa del perro. Vende comida naturista con su novio y duermen la siesta. Todos los días. Yo le dije que me parecía bien, pero a la cuadra siguiente pensé que no estaba tan buena esa vida. Qué se yo, viste. Eso que te contaba de la dualidad.
En fin. Te extraño. Se me dio por escuchar a los Héroes del Silencio estos días. Qué se yo. Espero que estés bien y que te vaya bien y que hayas encontrado eso que andabas buscando. Algo así. O, tal vez, aprovecho este espacio y te digo la verdad que tiene más que ver con que estoy segura de que no tenés idea de qué inventar para estar acá de nuevo y no sentirte un fracasado por eso, y que me extrañás a mí y a tus cumpleaños en la terraza con tu perra Panda meando todo, que estas almas significan más que ninguna playa. Pero te cuesta admitir. Lo entiendo. A mí también, si te deja mejor. Te diría que vuelvas, pero sé que mañana me puedo arrepentir, nos podemos equivocar todos y no resistir, por eso de la dualidad, que te decía, viste.
Hace 5 años