jueves, 18 de septiembre de 2008

Subconsciente

Foto tomada de la página de Margarita Sauvage

Llegué pasadas las once y antes de tocar timbre prendí un cigarrillo, con la intención de aspirar los nervios y hacerlos desaparecer. El hecho de llegar sola a un lugar nunca había sido problema para mí, pero ese día, la única persona a la que conocía era Lucio. Y Lucio me gustaba, me había vestido para él y eso, sabía, se iba a notar no bien cruzara la puerta.

Escuché sus pasos y enseguida descubrí el contorno de su cuerpo en la oscuridad, lo vi a través de la reja.

- Hola, Zoe -me saludó-, qué bueno que viniste.

No alcanzaba a ver su cara nítida pero reconocí su andar. Lucio caminaba como lo hacen las modelos: sacudía su pelo detrás de las orejas, dejando una estela a su paso. Cuando por fin lo tuve cerca, lo abracé y sentí su olor.

- Bienvenida, nena- susurró a mi oído.

Alejé mi cara de la suya y busqué su mirada.

- Ni loca me perdía de verte hoy.

- Pasá, estaba a punto de servir la comida.

Caminamos por un pasillo angosto. Seguí sus pasos, inspeccionándolo entero. Su jean se arqueaba a la altura de las rodillas; su espalda ancha y su pelo ondulado me seducían. “Estás lindo, como siempre”, quise decir, pero el silencio nos quedó más cómodo a los dos. El prefirió tomarme de la mano y girar de tanto en tanto para sondearme desde las piernas hasta los hombros, sin disimulo.

Cruzamos la puerta de entrada y una música todavía más presente que el murmullo de las veintipico de personas que estaban en el lugar, me ayudó a entrar segura de mí. Me paré unos instantes en el umbral, buscando la cara conocida que nunca encontré. Algunos giraron para verme y otros ni siquiera se tomaron la molestia de hacerme sentir observada.

- ¿Conozco a alguien?- le pregunté a Lucio que, distraído, me contestó que no, pero que me quería presentar a alguien muy importante.
- No me digas que está tu amigo de Turquía -me adelanté.
- Exacto. Llegó ayer. Vení.

Había estado en casa de Lucio una sola vez, en su cuarto, cuando lo conocí tiempo atrás. Después, nuestros encuentros fueron siempre en mis espacios, en mi cama, en mi sillón, en mi cocina. Intensos roces de piel ardiendo cada vez. Ya sin darme la mano, me indicó que lo siguiera, rodeando una mesa baja copada por botellas, cigarrillos y velas.

Su amigo era español. Había vivido diez años en Buenos Aires y ahí conoció a Lucio. Después viajó por el mundo y se fue a vivir a Turquía. Esos eran los únicos datos que tenía y sin embargo, cuando lo vi sentado en un sillón con el gesto marcado de intriga y calma supe enseguida que era él. Se llamaba Víctor. Nos miró y Lucio mintió con obviedad.

- Ella es Zoe, mi amiga preferida de la que te hablé.
- Gusto, Zoe, un placer conocerte- exclamó el español mientras tomaba impulso con su brazo derecho para levantarse.
- Gracias -le dije -. Para mí también es un placer conocer a la persona que tiene enamorada a este súper hombre.

Nos reímos todos y Lucio nos envolvió con un abrazo amistoso, con ínfulas cumpleañeras.

- Te la dejo un rato, cuidala –dijo.

En cualquier otro caso hubiera intentado demostrarme calma, santa, inteligente, profesional o de cualquier otra forma que me quitara de ese lugar de muchacha encamada en el que claramente habíamos quedado yo y mis blancas piernas largas.

Miré a Víctor, le sonreí y me senté a su lado, en el sillón. Medio minuto después estaba encendiendo el primero de los tantos cigarrillos que –sabía- iba a fumar esa noche, en aquel lugar.

- Lo bueno de esta música es que hace que la gente esté relajada, gozando un buen trago, disfrutando de una conversación- dijo Víctor en un claro intento por iniciar nuestro diálogo.

Yo le dije que sí, que Lucio era muy bueno para elegir música y ambientar los espacios. Le conté que nos habíamos conocido en un curso anual de fotografía.

Sin preguntar si quería o no, o si prefería otra cosa, llenó una copa de tinto y me la entregó. Deseándome salud.

- Sé de vos que viviste diez años en Buenos Aires y que viajaste mucho, tanto como para no tener acento.
- Es gracioso que a la gente le llame la atención eso. Pero es cierto. Hablo a mí modo, supongo.

Tenía los dientes blancos, pero blancos de verdad, y la cara morena, fina y varonil. Hacía ademanes, distintas muecas sin nacionalidad y se inclinaba hacia adelante, acomodándose sobre el sillón.

- Veo que sabés mucho de mí. Tal vez más de lo que quisiera, así que podrías ponerme en igualdad de condiciones- propuso, levantó una ceja y después el mentón, dándole paso a mi opinión.
- Podemos jugar a la entrevista, si querés, porque claramente no sabría por donde empezar.
- Eso es lo bueno. Tenemos toda nuestra vida para contar y es un desafío.
- ¿El saber contar?
- No, el descubrir, en una sola noche, si existe o no conexión entre nosotros.
- Qué interesante. ¿Cómo es eso?-pregunté.
- Claro. La conversación entre dos personas que no saben nada de la otra, a simple vista debería ser algo fácil. Porque se puede hablar de todo, nada está repetido. Pero la realidad es que puede ser un diálogo vacío, difícil, tenso.
- Es cierto, comparto –dije.
- ¿Tenés tiempo?
- No conozco a nadie más que a Lucio, que está de cumpleaños. Así que supongo que me queda la noche para intentarlo.
- Bien, entonces propongo que probemos una buena manera de romper con nuestro desconocimiento.

Acepté.

Lucio trajo unas cazuelas que a pesar del calor de diciembre sentaron bien. El aire acondicionado estaba haciendo su trabajo y las botellas vacías sobre la mesa se cerraban en una escena que me parecía elegante, cinematográfica.


Cuando estuvieron los dos delante mío, se me vino encima un pensamiento de chequeo consciente, bien consciente del que Lucio no dudó: se mordió simpático los labios y me estiró su mano, en un gesto de saludo amistoso.

Lucio me gustaba pero ya lo tenía. Conocía su olor, sus caras en la cama, cómo me miraba desde adentro; sabía de su voz a la mañana, cómo acariciaba. Se quedó unos minutos conversando animado sobre algunos resultados futbolísticos y se fue.


Víctor tenía los labios carnosos con los bordes marcados, como delineados sobre su cara oscura. Lucio se fue y yo me quedé y él se quedó y nos miramos, rápido nos mirábamos cambiando risas. Comenzamos a jugar un juego sencillo, el de siempre: la mano apoyada en el brazo ajeno buscando una atención que ya estaba ahí; la sonrisa de más, la lengua saliendo de la boca al aire, más, mucho más de lo necesario; la palabra confusa, la ceja levantada, la posición cruzada en el sillón, las rodillas que se rozan. Inevitablemente.

- Creo que haber cambiado de país tantas veces me hizo alguien de quien no puedo escapar, aunque quiera- reflexionó.
- Debe ser difícil enamorarse de vos - dije sin filtro.
- ¿Acaso estás proyectando, mujer?

Mi seducción estaba desatada. Acariciaba mi propio cuello y cambiaba las piernas de posición, separándolas despacio, deseando que la sombra que quedaba entre ellas le hiciera desviar la vista como a mí su boca me llevaba a escudriñarlo de reojo.

Sus palabras sonaban cada vez más graves. Víctor juagaba con la voz como yo con mi cuerpo, empujando mis hombros hacia adelante, mostrándole la firmeza de mis huesos, el brillo de mi piel que le ganaba a la oscuridad del ambiente.


- Mmm. Bueno, no, te estoy escuchando y al hacerlo intuyo que habrás roto más de un corazón-respondí.

- No creas. También puedo perder la cabeza.
- ¿Todavía? -dije y no pude evitar sonreír, a medias, dejando entrever que eso me daba esperanzas.
- Siempre se puede perder la cabeza. Sólo hace falta alguien capaz de desafiar.

Cuando iba a contestarle, puso un dedo en mi boca y se acercó con los ojos inyectados, rojos, húmedos. Me miró fuerte, como penetrándome y deslizó su mano por mi cuello hasta la altura del pecho. Susurró:

- Si seguís moviendo así las piernas voy a tener que morderlas, en este momento.
- Puedo moverlas todavía más-, le contesté.
- Esto tienen las mujeres argentinas. Sos sensual, si no estuviera toda esta gente acá al rededor, te quitaría los zapatos y la blusa.
- Mmm. Esa es una fantasía tentadora -le contesté sin mirarlo y él, abandonando su posición avasallante, se acomodó sobre el sillón y rellenó las copas ya marcadas de un violeta seco. Solamente dijo:
- Quisiera quitarte de un beso las manchas que dejó el vino en tu boca. Definitivamente esta es una ciudad de la que no se puede volver.

Lo más íntimo de mi cuerpo empezaba a latir.

- O una ciudad de la que hay que irse, si se quiere volver-, deslicé.

Víctor se apoyó en el respaldo del sillón y quedamos en silencio.

- Lo digo porque Buenos Aires puede consumirte con todas sus propuestas - intenté absurdamente poner blanco sobre negro.
- Lo sé. Sé por qué lo decís y estoy de acuerdo, supongo.

Hablaba con la mirada pedida sobre la mesa y fumaba. Uno y otro, sin espacio quieto. Yo quería disimular la intensidad que me provocaba, quería contarle algo liviano, un estornudo de ideas fáciles, divertidas. Pero no pude. Su olor me llegaba con el humo de las velas y me envolvía como un deseo fervoroso por entrar. Le miraba las manos acercando el cigarrillo a su boca, contemplaba la decisión lenta con que tomaba su copa y sentía la necesidad de que me recorriera con sus dedos.

No sabía qué decir. Quería pararme, intenté hacerlo reír, cambié de posición, abandoné mi estado seductor. Le pregunté detalles de su viaje y su silencio me dibujó el retrato de una Turquía antigua. Estaba empezando a resignarme a su desaparición y quise decírselo, hacerle saber que no entendía su actitud repentina y hasta le hubiera pedido disculpas si lo había molestado con algo, si había prendido algún recuerdo incómodo.

Estábamos en medio de esa confusión cuando pareció Lucio con dos vasos llenos de limones y un líquido rojo. Se agachó para acercarnos los tragos, hablando rapidísimo. Lo interrumpí:

- El baño es por allá, ¿no?
- Sí, la puerta de al lado de la biblioteca, Zoe –dijo encantador.

Intenté pararme, con la idea final de encerrarme en el baño, cuando Víctor me puso con su mano apretada sobre mi muslo, bien cerca de mis caderas.

- ¿Lucio, qué tanto te gusta esta chica?-, le preguntó a su amigo.
- Lo suficiente como para entender que no te puedas resistir a ella-. Dijo Lucio y se fue.

Busqué la mano de Víctor para sacarla de encima mío y cuando la tuve, calurosa, debajo de mi palma, sentí sus labios mojarse sobre mi cuello, lo vi moverse hacia mí, lento, decidido.

Y yo quieta. Esperándolo.

Subió despacio mi pollera y con la mano escondida en la tela corrió la bombacha para rozarme con la yema de sus dedos.

Sentí la humedad de su boca sobre mis labios; sentí que me quedaba sin aire, que quería respirar más fuerte. El olor que lo rodeaba me abrazaba y no podía evitar balancearme, despacio, torneando mi cintura, separando mis piernas.

- No creo poder evitarte, pero tampoco creo que este sea el mejor lugar -pude decir esas palabras a su oído, mirando la escena que nos rodeaba.

Me pareció increíble notar que el resto de los sillones había quedado vacío. Durante el tiempo que estuvimos hablando, la casa de Lucio se había convertido en una fiesta. La gente estaba parada, algunos bailaban imbuidos en el sonido de unos tambores: bajaban hasta el piso moviéndose de lado a lado, con los ojos cerrados y los brazos mezclados. Y se besaban, los hombres y las mujeres en el cumpleaños de Lucio se besaban sin ocultar sus lenguas ni sus cuerpos.

El aire ya no fluía, una nube de humo condensaba la atmósfera. Víctor acercó su pecho al mío de a poco, sin sacar su mano de mi sexo, moviendo la bombacha para rozarme, despacio, con el elástico de los bordes.

“Nadie nos ve”, dijo. “Creo que puedo llevarte a un lugar más cómodo”, intenté persuadirlo de ir al cuarto pero no me hizo caso. Víctor agarró mi mano y la deslizó entrelazada con la suya por mi cuerpo. Juntos acariciamos mi panza, mis caderas, mi vientre. Me tocó con mi mano y con la suya, con todos nuestros dedos mezclados.

La música desapareció de mi percepción, las voces no sonaban ni como ecos lejanos. Lo busqué con mi mano libre pero apenas pude rozarlo. Prefirió tomarme de la muñeca y pedirme que me acariciara las tetas. “Tocate para mí”, susurró sin detener el movimiento que ejercía con sus dedos. Yo me balanceaba, me movía cada vez más desarmada. Me excitaba sentir su mano y la mía entre mis piernas, y mi propia caricia sobre los pezones duros. Estaba envuelta en su olor, en esas palabras intensas que no dejaba de entonar cortando el espacio, casi sin aire: “No puedo sacar mis manos de encima tuyo”.

“Estoy muy excitada, dejame tocarte”, le imploré y él accedió: “Haceme sentir todo lo que estás sintiendo, mujer”.

Tuve el impulso de bajar con mis labios y abrir su ropa en un gemir. Con la mano que acariciaba mis pechos le rocé su bulto, primero despacio, después más firme. Y subí. Llevé mi mano hasta la punta de su sexo y lo apreté con toda la pasión que guardaba.

Lo acaricié poco, muy poco, y el me elevó más y más. Le rogué, le supliqué que entrara en mí, que colmara mi espacio, y cuando finalmente lo hizo, cuando me atravesó con contundencia desde arriba de mi cuerpo, vacié mi sed como un aura que deja su materia. Y le dije:

-Esto fue hermoso, Lucio.

17 comentarios:

Anónimo dijo...

joder tía, k cachondo me has puesto !

víctor jara

paulita dijo...

come onnnnnnnnnnnn

CAS dijo...

Por lo general la mujer de ninia (no tengo enie) juega a "ësperar"a que venga su príncipe azul y ahi, en esa espera pasiva comienza su pesadilla. Se piensa a la mujer en ese lugar de la espera (me llamara el martes,iercoles supongo...ay...me llamará?) Como resultado queda a merced del otro encerrado en el laberinto de la TONTA histeria.Paralizada.Y peor:desresponsabilizada en lo que le acontece. "Un alma bella"dijo Jack alguna vez... Será la
histeria la que la lleve a nuestra ninia a creese un todo y ahi, ahi está jodida. Que una mujer se ubique en el lugar de lo pasivo no tiene porque implicar esa espera a que el otro haga, por el contrario creo que la pasividad de una mujer tiene que ver con otra cosa...tiene que ver con su (s) agujeros (s) y con asumir tales agujeros. Ahi cuando esos agujeros (hay varios, muchos mas de los que ellos imaginan no MQDLV?)se reconocen, se dibujan, se asumen, ahi surge el milagroso y dulce
"pedido", ahi surge "el lo llamo yo". de ahi que en mi humilde opinion una verdadera mujer si es que esta agujereada ha de saber pedir y la que loooogre ese traspaso de la espera muda detenida junto al telefono y se atreva a la demanda, contara con el sabor del poder mas digno: el sabor de la libertad y ya nada, pero nada ha de detenerla. Esta vez probablemente, el príncipe azúl advendrá, pero solo porque antes aquella mujer paso por debajo de su balcón y se le mostro desnuda,cual lady godiva,con todo ese coraje que ha de tener ahi, en esas partes secretas donde yacen sus agujeros. Bendita sea la
autora entonces, que nos muestra una y otra vez que el arte de desnudarse y de pedir (le) al otro es el arte que emana de la raiz de la femeneidad. Claro que para eso, como siempre digo, hay que dejar de ser rinoceronte de silicona... Excelente nena. Un placer leerte

MQDLV dijo...

Quién será esta Car, me pregunto, que tiene la capacidad de reflexionar hermoso, de ubicar a la mujer en un lugar sin espacio escénico, en donde ella no actúa, sino que es, simplemente, carnal t pensante. Sin pensamiento no hay libertad, sin análisis no hay capacidad de devolverle al mundo una respuesta propia, positiva, sencilla, real. Lo de los agujeros me sacude cada vez que lo decís. Gracias por pasar por acá. Para mí es un placer leerte a vos. ¿Quién será? ¿Quién serás? Supongo que no importa...
Paulita... come on with your point of view!
Víctor Jara, ¿cantamos con la negra?
Besos a todos...

Jerónimo dijo...

Sólo dos cosas. La palabra "bulto" rompe para siempre y sin anestesia con la onda general que emana el texto. Fue como pasar de Miller a la "Tota" Santillán en un abrir y cerrar de ojos. Lo segundo, lo genial hubiese sido acostarse con los dos, Lucio y el Gallego. El resto, impecable.-

MQDLV dijo...

Hola, Jerónimo... una vez conocí a un Jerónimo. Gracias por tus ideas... las tomo, reveo!
Besos!

Anónimo dijo...

Se acostó con los dos, pero en distintos momentos. Y, en este caso, en su subconsciente.

MQDLV dijo...

Ah, anónimo. Cómo me gusta el anonomito. Que no es lo mismo que ¡ah, no, ni mato! Porque a más de un anónimo lo mataría, de alguna forma, dulces formas que delinea la boca. ;)

petit dijo...

la escena de las manos
...gloriosa

todos estabamos a la espera de lucio, a la espera de que esas manos se multipliquen..

gracias MQDLV

MQDLV dijo...

a veces la fantasía no se hace realidad sólo para que las cosas no se den siempre como las inventamos. creo.
besos, petit!

CAS dijo...

Me encanto ese jueguito con el anonimato! Ja! Tenía que ser MQDLV! Siguiendote el jueguito de palabras podemos pensar que a Jeronimo lo aqueja la O ubicadita justo en el medio de su nombre. Jer O nimo. Miller O La Tota. El problema de los extremos....Y en el medio que? En el medio lo mejor no MQDLV? Yo me deleito con Miller y la Tota...la tota me divierte, me da ternura...que se yo. Me lo imagino y... UUUHHH! Dame un pucho. El tema es Miller y la Tota juntos no? Ah... No? Porque?
Saluditos por ahi!

MQDLV dijo...

Jaja. Me hiciste reir. Comparto, Cas. Pero bueno, comparto las opiniones en general, basicamente. ¿Sabés entre qué y qué me gustaría estar, por ejemplo? ¿Qué te parece entre la arena y Hugh Grant? Yo creo que eso sería aun mejor que Miller y La Tota y ahí sí dame un pucho, dos puchos y una caipirinha con mucho limón!

CAS dijo...

Ja! Me encanto. Entre Bono y el asfalto para mi. Y si es de noche mejor!

MQDLV dijo...

Rock and Roll, nena!
Yo no sé por qué, pero en general prefiero la tarde... menos mal que no somos todos iguales...

Verònica dijo...

Esto fue realmente eròtico.. imagina que lo leì en el trabajo.
Què ganas de estar en otro lugar. Un beso.

F.Guerra dijo...

Odio hacer crìtica literaria en los blogs. En realidad este tipo de relatos tan hermosos no tendrìan que tener ni comentarios, que solo sirven para banalizar buena literatura, me parece.

Pero - ya que lo dijeron - el tèrmino bulto a mi tambièn me pareciò que era de otra historia, que rompìa con la armonìa del relato. Pero comento para felicitarte por el post, y por el blog. Volverè.

MQDLV dijo...

espero que vuelvas y espero que me recibas en tu espacio. gracias por el comentario, muy alentador!